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Jennifer Freeman, David Epton y Dean Lobovits en su libro Terapia Narrativa para niños. Aproximación de los conflictos familiares a traves...

EL arte y juego en la terapia familiar

Jennifer Freeman, David Epton y Dean Lobovits en su libro Terapia Narrativa para niños. Aproximación de los conflictos familiares a traves del juego, refieren:


La comunicación lúdica en la terapia familiar


Los problemas suelen ser desalentadores. Si tuvieran un credo, bien podría ser el de “tómesenos en serio”. Al fin y al cabo, los problemas graves exigen que se tomen así, ¿verdad? En la medida en que un problema es agobiante, parece obligado que aumente la seriedad de nuestra atención y la severidad de las medidas que se toman para remediarlo. Aquellos problemas graves que son motivo de preocupación, consternación y desesperanza pueden paralizar las familias y a las personas que las atienden. Nos preguntamos si no fomentamos el problema cuando nos lo tomamos tan en serio. De igual modo, ¿el humor y el juego amenaza su propia existencia?

Si pueden escoger, la mayoría de los niños prefiere interactuar de forma divertida. La conversación seria y la resolución metódica de los problemas pueden dificultar la comunicación de los niños, acallar su voz, inhibir sus hábiles especiales, sus conocimientos y sus recursos creativos. El precio que opta la  seriedad nos imponen las terapeutas la pérdida de sus propios recursos, como el de la capacidad de pensamiento lateral, el de mantener la curiosidad, el de ser lo bastante desenfadados para interactuar de forma lúdica con el niño y el de tener fe en que la situación se puede solucionar. Si carecemos de todo esto, es posible que nos embota la inteligencia, que perdamos el atractivo para los niños o que los argumentos. ¿Nos atrevemos al juego creativo ante problemas preocupantes? ¿Qué ocurre cuando recurrimos a la imaginación, el humor y la inventiva para oponernos a la extrema gravedad de los problemas? Pensamos que de ahí surge toda una nueva forma resolver los problemas con la que se puede acabar con los más graves. (…)

Parece que los problemas importantes tienen el don de convencer a los cuidadores de que es hora de dejar el juego y abordar el asunto. Son preocupaciones comprensibles. Resulta frustrante para el adulto tratar con ahínco de solucionar el problema en cuestión, mientras que el niño prefiere jugar con figuras en miniatura, dar brincos por la habitación, intentar iniciar un juego, dibujar, hablar de alguna película o mirar por la ventana. En la terapia familiar es fácil el terapeuta y los miembros de la familia lleguen agotarse por sus esfuerzos para conseguir que los niños “estén por la labor” y se concentren en formas de solucionar los problemas que resultan familiares para los adultos. A las personas minuciosas los planteamientos lúdicos les pueden parecer nimios, de un optimismo exagerado o inconsistentes, ante preocupaciones como esas. Sin embargo, un enfoque serio puede excluir u a dejar a los niños y actuar en beneficio el problema.
Una cosa es abordar con humor y talante divertido el “malvado pis” de un niño de cuatro años que moja la cama, o el genio que se adueña de la familia a la hora de comer. Pero ¿qué ocurre cuando se trata de un problema alarmante peligroso, como el de un trastorno en el comer, la conducta autodestructiva, el vagar sin rumbo en el adolescente, la violencia familiar, la recuperación del niño que ha sufrido abusos sexuales, o una enfermedad grave?.

Los enfoques lúdicos no se deben subestimar como planteamientos que merecen la pena ante problemas graves. Al igual que las máscaras gemelas de la comedia y la tragedia, el juego refleja por igual el regocijo y el patetismo del experiencia humana. Cuando niños y adultos se unen, el juego ofrece un lenguaje común para expresar los pensamientos, las emociones y la experiencia entonces amplitud y profundidad; compartimos, así, una lingua franca. Además, la comunicación divertida no depende totalmente el desarrollo cognitivo y tiene la capacidad de ser muy contagiosa e integradora de las personas de cualquier edad.

Una terapia familiar centrada en el niño sea precisa respeta la forma de ser y de comunicarse de este cuando el adulto participa en la interacción con el niño, la competencia y creatividad de este aumenta. Los adultos de las familias se suele sorprender cuando la comunicación lúdica permite que los niños asuman la responsabilidad de los problemas y sean ingeniosos para solucionarlos. El interés de los niños por estrategias alegres que impliquen juegos, imaginación, fantasía, misterio, magia, simbolismo, metáfora y contar historias pueden parecer, en un primer momento irrelevante. Pero en el interior de estos reinos más elípticos de la búsqueda significados se pueden encontrar tesoros que son fundamentales para la motivación del niño y la capacidad para resolver sus problemas.

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